«Por fin Miguel está donde se merecía»

«Por fin Miguel está donde se merecía»-

Lleva 25 años representando la figura y la obra de Miguel Hernández y ahora, con motivo del centenario del nacimiento del poeta, llega su recompensa. La nuera del poeta, Lucía Izquierdo, asegura que le ha costado muchos sacrificios familiares y económicos divulgar el legado, pero su esfuerzo y el de sus hijos ha permitido que «por fin Miguel esté donde se merecía y nunca había estado». Volcada en los actos conmemorativos, asevera que es un gran genio y considera que el mejor homenaje que se le puede rendir «es que su pueblo esté con él».


 

Miguel Hernández, el poeta del pueblo

RTVV dedica una web  al poeta oriolano -

Formó un grupo literario junto a otros jóvenes de Orihuela en la panadería de su amigo Carlos Fenoll. Es por entonces cuando los libros son para él su mayor fuente de cultura y educación. Son intensas lecturas de los grandes maestros del Siglo de Oro español, como Lope de Vega, Cervantes, Calderón, Góngora, Garcilaso…


 

«Mi tío Miguel siempre tenía la sonrisa puesta»

Se llama Elvira Moreno Hernández, hija mayor de Elvira Hernández Gilabert y sobrina mayor de su hermano Miguel. Es la niña que se encuentra en los brazos del poeta, en la Gran Vía madrileña. Con ellos, Elvira, madre y hermana. Conserva muchos recuerdos, «porque mi madre no había día que no lo recordase. Ella nos hablaba de sus tristezas y, sobre todo, del carácter alegre, compasivo, generoso, cariñoso… de mi tío». La verdad es, como también sabe reconocer, que sus recuerdos directos son pocos.


 

El hombre que compartió celda con el poeta

El hombre que compartió celda con el poeta-

Después de su largo recorrido carcelario por numerosos presidios (Huelva, Sevilla, Torrijos, el Seminario de Orihuela, tras su puesta en libertad el 15 de septiembre del 39 y ser denunciado por un vecino, los madrileños de Conde de Toreno y Yeserías, con Palencia de por medio, y por fin Ocaña), recala Miguel Hernández en el Reformatorio de Adultos de Alicante el 29 de junio de 1941. Allí pregunta por algunos de los presos amigos o conocidos, más o menos vinculados con el mundo de la cultura, y consigue lo instalen en la celda 22 de la 4ª galería junto a su paisano Luis Fabregat Terrés, el pintor comunista Ricardo Fuente Alcocer, Rigoberto Martín Lloret, Luis Jiménez Esteve y el abogado José Ramón Clemente Torregrosa, éste el único que vive con 98 años y con el que he hablado de esos meses pasados junto al poeta en numerosas ocasiones, tanto en su casa madrileña de la Glorieta de Cuatro Caminos como en la alicantina de Maestro Gaztambide, o cuando el II Congreso Internacional de Miguel Hernández del año 2003 en el Ateneo de Madrid, donde no se atrevió a contar con serena objetividad sus experiencias personales porque se encontró con algunos radicales exaltados capaces de rebatírselas.


 

El triste destino del poeta pastor

El triste destino del poeta     pastor-

Lo cuenta Neruda en sus memorias, aquel documento situado inestablemente entre la poesía, el autohomenaje y la realidad. En 1934 el chileno llegó a Madrid como cónsul de su país y conoció a «todos los amigos de García Lorca y Alberti». Uno de aquellos amigos era un joven poeta llamado Miguel Hernández. «Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalones campesinos de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras», escribe. Neruda publicó los versos de Hernández en su revista 'Caballo Verde' y se convirtió en uno de sus protectores. También en una de sus influencias literarias. «Mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, lo impresionó y lo fue cambiando», afirma el chileno en sus memorias. A continuación, Neruda acuña definitivamente en ese libro una de las imágenes recurrentes de Hernández: la del poeta pastor, esa variante autóctona y exagerada del buen salvaje. «Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él», comienza Neruda. «Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras».


 

«A mi abuelo le debían mucho dinero en Cataluña»

Elvira recuerda que «después de la muerte de mi tío, mis padres les pidieron a unos amigos suyos, que trabajaban en la Tabacalera de Alicante, ayuda para que la tía Josefina pudiera conseguir un estanco. Solían adjudicarlos a huérfanos de guardias civiles, y como ella lo era, hicieron los trámites necesarios y se lo concedieron. La tía dijo que estaba lejos del centro y que no tenía dinero para ponerlo. Mi tío Vicente se ofreció para ayudarla con los gastos, y se preguntó qué iba a decir la gente si la ayudaba su cuñado».


 

«Él fue a la guerra, pero no pegó un tiro»

«Él fue a la guerra, pero no pegó un tiro»-

Infatigable. Se pasa el día de un lado a otro, facilitando los trámites de pensiones o llevando recetas, sin cobrar un euro. «Vivo de lo mío y ayudo. Mi vida es esa. Dar, dar y dar, hasta que me muera», afirma. La saludan a derecha e izquierda por las calles de Orihuela. En una bolsa de plástico, María Moreno Soriano lleva doblada una hoja de un periódico, en la que se lee: «Ningún oriolano debe nada a Miguel Hernández. Más bien, al revés». Es una frase de Pepa Ferrando, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela, con motivo de la disputa municipal en torno al nombramiento del famoso poeta como Síndico Honorífico.


 
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MIGUEL HERNÁNDEZ

Biografía

Así vivió y murió el pastor que se convirtió en poeta

MIGUEL HERNÁNDEZ

Bibliografía

Publicaciones básicas para conocer la obra del oriolano

 





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