REVISITACIÓN CRÍTICA A UN POETA NECESARIO

Miguel Hernández (1910-1942) ejemplifica, como ningún otro escritor de la primera mitad del siglo XX, la rápida evolución de la lírica española, desde los balbuceos posmodernistas y regionalistas, pasando por un gongorismo y clasicismo de (falso) cuño añejo, una veta surrealista que algunos críticos niegan o precisan, el compromiso de una zona de producción literaria que se alió con otras manifestaciones artísticas en tiempos de zozobra histórica, y un intimismo que responde a la destrucción de las esperanzas puestas en un régimen político que se derrumbó, en gran medida, víctima de sus propias contradicciones. Los vaivenes personales de nuestro autor van ligados a circunstancias históricas y de todo tipo, reflejado en su obra. De ningún otro poeta se puede afirmar con más seguridad que vida y obra están estrechamente unidas. Además, su mensaje poético es universal porque emana de la verdad humana que le corresponde.

Por ello, nadie mejor que Miguel Hernández, con una fulgurante carrera literaria, con algunos claroscuros pero también con una imponente voluntad de estilo en los últimos años de su vida para, en el centenario de su nacimiento, rendirle un merecido homenaje y también para reflexionar, sesenta y ocho años después de su muerte, sobre su trayectoria vital, literaria y las huellas de ambas.

Desde 1992, año en que se celebró el cincuentenario de su muerte, una generación de jóvenes estudiosos ha tomado el relevo a los hernandianos de primera hora (Concha Zardoya, Juan Guerrero Zamora, Vicente Ramos, Arturo del Hoyo…) y a la segunda (Agustín Sánchez Vidal, José Carlos Rovira, José María Balcells, Francisco Javier Díez de Revenga…). Este hecho fue constatado de manera incipiente en el I Congreso Internacional celebrado en Alicante, Elche y Orihuela en marzo de 1992, pero especialmente en octubre de 2003, con motivo del II Congreso Internacional desarrollado en Orihuela y Madrid. La intensa producción académica generada en torno a Miguel Hernández durante los años 1992-1994 dio paso a una ralentización de la misma y a la búsqueda de facetas todavía inexploradas de su obra desde perspectivas interdisciplinarias que han enriquecido, sin duda, el conocimiento que tenemos de la misma.

La universalización de su mensaje poético está, no lo olvidemos, fuertemente enraizado en íntimas y familiares querencias oriundas de un pueblo mediterráneo como Orihuela, lugar por donde transitaron y se asentaron diversas civilizaciones, lleno de una luz cenital y una naturaleza feraz que se complementan con la presencia en el imaginario colectivo de modos y costumbres de procedencia religiosa que han marcado intensamente su ritmo como pueblo y pujante ciudad.

Tampoco podemos olvidar que la historia reciente de nuestro país ha influido en la difusión de la obra de Miguel Hernández. Como ejemplo, la Transición, que aupó al poeta al olimpo de los poetas con una obra cargada de futuro y de vigorosas resonancias de la mejor literatura española clásica. Y, siempre, permanece original, auténtica, fiel a sí misma y a la verdad de su limpio corazón.

El principal objetivo de las actividades impulsadas durante la conmemoración del Centenario del nacimiento del universal poeta debería ser el reflexionar con serenidad y objetividad en las huellas de su obra y en la vigencia de la misma, sin olvidar esa línea subterránea, íntima, de homenaje, que inunda, desmesuradamente, los apenas doce años de intensa y apasionada escritura. Quizás en ningún otro autor podemos conmovernos hasta el tuétano, desde quien apenas tiene formación hasta el erudito (siempre y cuando éste abandone la solemnidad, como dijo Miguel Hernández en un memorable verso), y los hernandianos, por encima de estudiosos somos fervorosos lectores que nos emociona releer los tristes y esperanzadores a la vez poemas del 'Cancionero y romancero de ausencias', o los vibrantes sonetos amorosos de 'El rayo que no cesa', o los reivindicativos de 'Viento del pueblo', o seguir su enamoramiento con Josefina Manresa (sin que caigamos en el extremo y folletinesco 'salsa rosa' literario). Todos los sentimientos están ahí, y toda la fuerza de la naturaleza, sencilla y profunda a la vez. Particularmente, siguen emocionándome, después de algunos años ya entregado a su estudio, los poemas dedicados a su primer hijo muerto. Y, como gustaba decir a Antonio Buero Vallejo, me son indiferentes, en ese momento, los sesudos libros publicados, las controvertidas e intelectuales teorías, todo, porque entonces estamos solos Miguel Hernández y yo, la magia de la lectura trae consigo un estremecimiento que convierte en esencial el tiempo. Entonces, sé que Miguel Hernández, más allá de los lógicos cambios sociales que han transformado nuestro país, seguirá siendo altavoz de las reivindicaciones de justicia, igualdad y fraternidad, y formando parte de nuestras vidas, más allá del necesario estudio crítico. Y es que en esta España en crisis (económica, social, en definitiva, de valores), la poesía es hoy, más que nunca, fundamental porque nos permite transformar lo que no nos gusta, dejar volar el corazón y la imaginación, seguir aspirando a que nuestros sueños guíen nuestros pasos y desterrar para siempre prejuicios y otras malas hierbas.

 

MIGUEL HERNÁNDEZ

Biografía

Así vivió y murió el pastor que se convirtió en poeta

MIGUEL HERNÁNDEZ

Bibliografía

Publicaciones básicas para conocer la obra del oriolano

 





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