Un carnívoro cuchillo

'El rayo que no cesa' forma parte de la educación sentimental de varias generaciones de ávidos lectores

Un carnívoro cuchillo

Estamos ante el libro de la discordia. La obra que mejor define como escritor a Miguel Hernández y, al mismo tiempo, la que más polémica ha suscitado en estos últimos años. Y todo ello gracias a las rigurosas investigaciones a cargo del alicantino -también poeta y excelente novelista- José Luis Ferris.

Éste, en su volumen titulado 'Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta', deja bien claro que, hasta ayer mismo, andábamos equivocados en todo lo referente a la identidad de la destinataria de los inspiradísimos poemas amorosos del escritor oriolano. Dicho de otra manera: no todos los hermosos sonetos de 'El rayo que no cesa' están inspirados en el amor por Josefina Manresa.

Flor desde tu ausencia

Miguel repartió su corazón con otra mujer con nombre y apellidos. Pero vayamos a las páginas de Ferris. Éste asegura que, en el caso de Josefina, «la amada es siempre símbolo y prueba de castidad, de ingenuidad, sencillez». Con Maruja Mallo, la otra dama en cuestión, domina «lo dinámico, la tormenta que ahora ocupa su pensamiento, el rayo que ha venido a desbaratar su tranquilo amor juvenil con la muchacha de Orihuela».

De la novia oficial habla en el soneto que comienza con los siguientes versos: «Te me mueres de casta y de sencilla». A la que se interpone ahora en estos amores, dedica versos como «quiero que vengas, flor desde tu ausencia,/ a serenar la sien del pensamiento/ que desahoga en mí su eterno rayo».

En cualquier caso, sea como fuere, lo que resulta indiscutible a estas alturas es que, como ha señalado algún crítico, además de ser un excelente poemario, estamos ante la primera obra madura y personal de Hernández, quien, por fin, ha logrado zafarse del hermetismo de antaño, representado por su obra 'Perito en lunas'.

O lo que es lo mismo: Góngora deja de ser su poeta predilecto y Quevedo se convierte en su más inmediata referencia. El Quevedo, naturalmente, neopetrarquista, amoroso y delicado.

Pictografía, editorial que dirige el murciano Joaquín Caravaca, ha sacado a la luz una primorosa y bien cuidada edición facsímil de 'El rayo que no cesa'.

Y para ello, como se explica en los prolegómenos del libro, ha recurrido al original de Ediciones Héroe, aparecido en Madrid el 24 de enero de 1936.

La referencia que se ha tenido en cuenta ha sido un ejemplar conservado en el Archivo Municipal de Elche. Y tras la consiguiente y necesaria aclaración, unas páginas, tituladas 'Invierno de 1936 bajo el rayo que no cesa', a cargo de Aitor L. Larrabide, miembro de la Fundación Miguel Hernández. Larrabide nos viene a recordar el diferente concepto de poesía que existe en el escritor oriolano a partir de la aparición de la obra que aquí se comenta.

«Un libro -añade líneas más adelante- que forma ya parte de la educación sentimental de varias generaciones de ávidos lectores que ahora redescubrirán la belleza de este inmarchitable rayo que no cesa».

En la obra, no haría falta decirlo, se incluyen conocidos sonetos que han trascendido el espacio y el tiempo hasta llegar al conocimiento del pueblo llano, como los que se inician con los versos «Me tiraste un limón, y tan amargo», «Umbrío por la pena, casi bruno», «Como el toro he nacido para el luto», etc.

Y de no menor importancia es la composición con la que Hernández decidió comenzar su libro con el fin de impresionar, ya de entrada, al lector: «Un carnívoro cuchillo/ de ala dulce y homicida/ sostiene un vuelo y un brillo/ alrededor de mi vida».

Se nos ocurre, por ejemplo, a propósito de su posterior trascendencia, que el primer verso sirve para que Umbral pusiera título a una de sus más conocidas obras; y que, de igual modo, Fernando Fernán Gómez tomó prestado parte del penúltimo verso («se pondrá el tiempo amarillo») para dar así título a sus memorias.

Y todo ello sin que olvidemos que el poema 29 del libro hernandiano es la elegía que dedica a Sijé. Poema rotundo, único e irrepetible que, de alguna manera, sin acaso buscarlo ni quererlo, sirvió de testamento literario y personal del propio Miguel Hernández. Compañero del alma, compañero.

 

MIGUEL HERNÁNDEZ

Biografía

Así vivió y murió el pastor que se convirtió en poeta

MIGUEL HERNÁNDEZ

Bibliografía

Publicaciones básicas para conocer la obra del oriolano

 





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