Miguel en la Casa de las Flores

Los niños del barrio jugábamos al laberinto por aquellos cuidados jardines interiores de la Casa de las Flores. En ella vivía uno de la pandilla, lo que nos permitía acceder al jardín del Edén celosamente custodiado por verjas. Eso nos convertía en unos privilegiados. Pero nadie nos dijo nunca que aquella casa había sido habitada un día no lejano por «gente indeseable».

Así crecimos los niños de postguerra del madrileño barrio de Argüelles, jugando entre unas trincheras donde, de cuando en cuando, explotaba algún obús perezoso, pero ignorándolo todo.

Nadie nos dijo jamás que, en aquella hermosa casa florida que ocupaba toda una manzana, el poeta chileno Neruda recibía cada tarde a los poetas de una Generación que llamaban del 27, entre los que estaba un tal Federico, que sería asesinado por haber acudido al cumpleaños de su padre a su Granada y no haberse quedado en Madrid como le recomendaban sus amigos.

A esa casa llegó un día de 1934 como cónsul de Chile el anfitrión. Edificio de espléndida factura vanguardista, concebido por el arquitecto Secundino Zuazo dentro del plan republicano de ensanche del Madrid moderno. Ese nido se lo busca Alberti, que en esto demostró tener buen gusto. Allí adopta como 'hijo' a Miguel Hernández, un pastor de cabras de Orihuela aficionado al verso que, en su segunda incursión a la capital, encuentra más favorable acogida que en la primera. Bajo ese techo Miguel duerme y come, goza con los favores sentimentales de la pintora Maruja Mallo, tiene ocasión de aprender y debatir con Aleixandre, Cernuda, Moreno Villa, Altolaguire, Guillén, Lorca, Alberti…Se conciencia políticamente y, en el pulso que libran su amigo el católico conservador Ramón Sijé y el propio Neruda, cada uno tirando de un brazo de Miguel para ver quién se lo llevaba al huerto de su causa, vence el último.

«Yo vivía en un barrio/ de Madrid con campanas,/ con relojes, con árboles…Mi casa era llamada/ la Casa de las Flores porque por todas partes estallaban geranios…», escribió después Neruda. Pero no sólo eran geranios lo que estallaba por allí. A finales del 36, una bomba de la aviación franquista provoca un cráter gigantesco en la aledaña calle de la Princesa, un cráter que permaneció abierto como una herida simbólica del asedio durante toda la contienda.

La Casa de las Flores, también bombardeada, resulta gravemente herida y queda como un decorado cubista. Por entonces, su habitante americano, que ha sido destituido como cónsul por haberse implicado en defensa de la República española, está en París preparando el Congreso de Intelectuales Antifascistas que se celebraría en Valencia.

A su vuelta, en 1937, Neruda quiso visitar su casa acompañado por Miguel. «Subimos y abrimos con cierta emoción la puerta del departamento -recuerda el chileno en sus memorias-, la metralla había derribado ventanas y trozos de pared. Los libros se habían derrumbado de las estanterías… Aquel desorden era una puerta final que se cerraba en mi vida. Le dije a Miguel: 'No quiero llevarme nada'. '¿Nada? ¿Ni siquiera un libro?'. 'Ni siquiera'. Y regresamos con el furgón vacío». Miguel, el que llegó en alpargatas y pantalón de pana, vestido de miliciano y con su fusil al hombro, había conseguido una vagoneta para esta misión. Ya pertenecía al mítico Quinto Regimiento, de Líster. Era ya influyente, comisario de cultura, poeta de las trincheras. El verso y el fusil lo acompañaban a todas partes. 'Viento del pueblo. Poesía en guerra'. Versos militantes declamados contra el fragor de la muerte; arengas de belleza.

La Casa de las Flores, seis plantas, algunas con grandes terrazas pobladas de geranios, fue curada de sus heridas por los vencedores. Hasta 1981 no se la reconoce como 'monumento nacional'. Hoy luce en su quilla avanzada hacia Princesa la escultura vanguardista de un libro abierto en hierro forjado evocando al inquilino hospitalario. Las verjas del inaudito y misterioso jardín siguen cerradas a cal y canto.

Virginia Woolf escénica

Debemos a un argentino, Borges, la mejor traducción al castellano de Virginia Woolf (su novela 'Orlando', un ejemplo). Ahora, una compañía argentina ha puesto en Buenos Aires, por primera vez en nuestro idioma, la única obra teatral que escribió la Woolf: 'Freshwater: a comedy'. Las inquietudes sobre la belleza, el arte, las convenciones sociales… que obsesionaron al grupo de intelectuales ingleses de Bloomsbury, al que Virginia pertenecía, están presentes de forma irónica en esta comedia, una flor rara en la vida trágica de esta creadora adelantada a su tiempo, que acabó suicidándose en 1941.

Islam en cómic

Doctor en psicología clínica, el kuwaití Naif Al-Mutawa decidió crear una colección de cómics con superhéroes que explicaran el Islam sin dogmatismos. Dice este kuwaití que de igual manera que no es necesario sacar un 20 sobre 20 para obtener el bachillerato, tampoco hay necesidad de ser perfecto para ir al paraíso. Y que los que utilizan la religión islámica para vehicular el sectarismo y el odio son individuos detestables. La colección se llama 'The 99' y se extiende ya por varios países; también va a ser llevada a la tv.

 

MIGUEL HERNÁNDEZ

Biografía

Así vivió y murió el pastor que se convirtió en poeta

MIGUEL HERNÁNDEZ

Bibliografía

Publicaciones básicas para conocer la obra del oriolano

 





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